de desesperación
Y así sentía un hilito de cobre brotarle de la sien, lleno de la mas cruenta desesperación, desesperación, !desesperación!, de un corazón sangrante de pasión ruborizado de amor, urente, urente era la sensación...
La cabeza estallaría en cualquier momento víctima de los cambios de presión que le infringían todos esos pensamientos llenos de deseo, -ni tuyos ni mios, sino del deseo; de un deseo que rayaba en la mas cruenta desesperación, oh cuanta desesperación...
!Oh que impaciente!, !oh!, que iracundo flujo de sentimientos, horrorizados ojos que te ven y no te tocan..
Embelesados de día, torturados por la visión de tu distante sonrisa, torturados por las suculentas ganas de probarte... como sufren mis sentidos, sufren la mas cruenta desesperación.
La cordura que me devolviste y la insanidad que me robaste, te la cambio por un beso, por el sabor de tu boca, por el color de tus labios y... -shhh; por un espacio en tu habitación.
foto: macrophoto
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A mi país lo prostituyeron
Si, ahora cuando lo pienso, la veo como a una puta de cuarenta y dos años, malgastada, mal vivida, mal peinada y mal vestida; con el maquillaje chorreado, las uñas pintadas de rojo "pasión", y un vestido de bolas de esos que usan las españolas en las películas de Almodovar; con un hueco en el brassier y otro en el alma. Que grita, borracha y hedionda a nicotina barata, que esta dispuesta y disponible, aunque realmente lo que esta es, mas que asqueada, aburrida, de abrir las piernas para comprarse el café con anís de las cuatro de la mañana.
Sueña, cuando la dejan soñar los calambres y el arrepentimiento, en como buscar la manera mas exquisita de arrancarle el pescuezo al chulo.
Foto: dechobek
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exquisito paladar
Su boca tan dulce
que la sal de sus labios
aderezaba los mios.
Su ultimo beso
siempre tan amargo
me inundaba con un dejo de acidez
hasta la glotis.
Era su sabor
el único que mis sentidos
querían degustar.
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Lo contó Gabbby a las 2:02 AM
Cuenta de Cuento un Poema
a las 24:00
No entendiendo como el tiempo funcionaba, intrigada hasta el ultimo segmento de la medula espinal, y hasta la ultima célula de le medula osea, esta persona no comprendía como un movimiento podía determinar una cosa como el tiempo, así que decidió que era otra mas de esas cosas que inventaban los hombres para medir la vida, para organizar lo inorganizable, pera determinar lo indeterminable, y para encontrarle sentido a un flujo constante de acciones, decisiones y emociones en orden contrario y de izquierda a derecha.
Fue a las 24:00 cuando leyó el primer “eslogan” de lo que seria su argumento para cambiar la estructura de lo que había sido su existencia. “Los calendarios y los relojes existen, el tiempo no”. Y esa hora del suceso aparentemente tampoco.
Así se dedico a pintar las nubes, y leer el periódico viejo de algunas semanas que dejaba la gente “ocupada” en las paradas de autobuses; a caminar viendo las estaciones de metro, pero sin montarse en el, a desenfuchar todo lo que tuviese un circuito; no es que dejase de pensar y necesitar aprender, es que simplemente decidió que objetos como “la caja mágica”, esa con imágenes de gente en muchos sitios del planeta haciendo muchas cosas, eran absurdas, y no podían tener explicación que se acoplase a su modo de ver las cosas, simplemente era magia, magia que algunos creían comprender, y creían fabricar, pero magia al fin. Como la magia de su cuerpo que funcionaba como el de la otra colección de seres en numero de a miles de millones por campo. Y al igual que el de la “caja”, esa magia era llamada por todos desde “fisiología” hasta “alma”. Estaba mas que segura que quienes no creían en la magia, creían por tanto en el tiempo.
-Nada de eso existe, pero los humanos no pueden vivir sin ponerle nombre a todo, bien para decir que lo inventaron, o en su defecto que lo entienden. Yo, no les entiendo.
Se mudo a un país de esos que no se terminan de unir a la Unión Europea, se sentía identificada, le parecían caprichosos, o muy seguros de si mismos, y así se sentía ella con su renovada actitud.
Viajaba en tren de oeste a este, veía los pueblos pequeños y poco poblados que quedaban por la ventanilla, y escuchaba musica sin la cual no podía vivir, de cualquier tipo, de cualquier “época”, la musica era a su parecer la mejor prueba de que en realidad el tiempo si que no existía.
No intento convencer a nadie de su teoría, le bastaba con la certeza propia.
Así que, viviendo y dejando vivir, termino su vida. Ni joven ni vieja, porque el tiempo, el tiempo si que no existe.
foto: Arturo
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Lo contó Gabbby a las 12:27 PM
Cuenta de autobiografico
Padre Tiempo y Madre Verdad
Hace mucho tiempo ya, en un mundo de hadas y leyendas, se recibió de un hechicero, un pergamino que anunciaba que Padre Tiempo y Madre Verdad caminaban lado a lado sin rumbo y con sonrisas de gozo.
Aunque en lugares diferentes, el destino tramaba su profundo plan: unirlos para enseñar al mundo una lección de vida.
Padre Tiempo era un mercader que conocía su ocupación y se encontraba en el camino a no desperdiciar ni un segundo de su vida y todavía más que eso, era conocido por ayudar a otros a invertir los latidos de sus corazones que como relojes alimentan cada paso que den en sus senderos.
Madre Verdad, por su parte, andaba despacio manteniendo el equilibrio correcto en las tonalidades de los amaneceres, la justa cantidad de aroma en cada una de las flores, el sabor adecuado en cada comida, el suspiro de cariño exacto que eriza la piel y sosteniendo las notas al ritmo verdadero de la música.
Pero ni si quiera ellos, en su inmensa sabiduría, podrían predecir lo que para su porvenir Destino había pensado.
En la ajetreada vida de Padre Tiempo, él había descifrado la duración exacta de cada segundo y con ello su tarea del día estaba terminada, dejándole momentos de sobra, que como decía él: “No se deben desperdiciar” Y habiendo dicho esto emprendió un ameno viaje a orillas de un campo de flores silvestre, porque incluso el Tiempo disfruta de un hermoso paisaje. ¿Cual sería su sorpresa cuando en medio de tan hermoso panorama se levantaba ligera y delicada la silueta de la criatura más dulce que él jamás habría de ver?
Sin prestar atención, Madre Verdad se encontraba sonriente y ocupada en su oficio. Hoy, era el día en el que las flores eran rociadas con su aroma característico: las rosas de rosas, las orquídeas de orquídeas, el observante girasol de girasol y así con todas las flores del campo. Algo cansada pero alegre, Verdad se pone en pie y levanta la mira al cielo donde medita sobre cómo los colores del amanecer logran desvanecerse tan suavemente justo antes de caer la noche. El suspiro de una risa escapa de sus labios y es entonces que se percata de que no está sola sino que la mirada de un extraño no la ha perdido de vista. Coqueta y tierna, Verdad se detiene a pensar si debería cambiar o no sus pinceles y paleta para hacer los colores permanecer en el cielo y con una tímida mirada de Tiempo desiste de esta idea. Ella sabe que aunque es laborioso levantarse a pintar el cielo cada mañana es doblemente hermoso verlos caer al final del día.
Ésa es la Luna Nueva de la primera Era, esto ocurrió poco antes de que el pergamino llegara a manos del hechicero quien sería el encargado de llevar a cabo la ceremonia que celebramos hoy 54 Eras después de aquel atardecer en el que Padre Tiempo y Madre Verdad decidieron acompañarse mutuamente.
Antes, un manto negro cubría el descanso de todo cuanto vivía, pero en ese atardecer, cuando ocurrió su encuentro, algo mágico e inesperado para ellos y para el mundo sucedió: destellos como relámpagos surgieron del roce de sus manos y alcanzaron las nubes hasta marcar en el manto oscuro las estrellas. Ellas iluminaran el camino de quienes se sientan solos como alguna vez Tiempo y Verdad, hasta que a su lado nazcan las chispas del amor.
Tiempo y Verdad nos acompañan hoy y por supuesto, no están solos, junto a ellos su primer hijo cultiva, por los confines del universo, las frutas más dulces; el segundo, construye puentes entre estrellas y la menor enseña en el extranjero de las bondades que sus padres le entregaron a la humanidad y de cómo el Supremo regala misericordias.
*Este fue el cuento que escribí para mis abuelos en su 54° aniversario de bodas*
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Imagen: IgnisSerpentus
*Este fue el cuento que escribí para mis abuelos en su 54° aniversario de bodas*
si?
...anda, si? dejame. Dejame pintarte en todos los matices que me pasan por la mente cuando te pienso. Que mis ganas están en colores primarios y tu eres el lienzo perfecto para combinarlos, la textura de tu piel llama a gritos el trazo de mis dedos; el patrón de tus labios suplica por difuminarse con los mios... Y si tienes algo que decir en contra, te juro que la primera pincelada bastara para callarte.
foto: snickers4862
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Lo contó Gabbby a las 11:33 AM
Cuenta de Amor, Cuento un Poema
Amiga Eterna
Viendo a mi alrededor, en esta noche oscura, me doy cuenta de muchas cosas. Noto cosas que doy por sentado, cosas que conozco y a las cuales estoy acostumbrado; noto gente, noto carros, bancos y árboles, luces y faros, estatuas, plazas, edificios y casas; siempre noto varios, abundan todos éstos, los hay en cada lado, cada esquina, calle; trabajando y descansando; animales activos y dormidos, hay muchos de ellos, mas noto también que hay algo que les acompaña a todos, a ninguno le falta, y sin embargo para cada quien es individual y único. No importa quién seas, ni qué seas, dónde estés ni con quién, lo tienes no te das cuenta, la ignoras y aunque siempre está contigo la maltratas.Siempre está conmigo, siempre me acompaña, cuando el día acaba y cuando el día empieza. Es mi constante amiga y compañera nunca me deja, ni me abandona, pero incluso en ella siento sus ganas a huir de mí, de alejarse, se estira a cada paso que doy, me enseña, se burla de mí, es mi eterna amiga. Me imita, como si yo no fuera útil, para mostrarme que lo que yo haga eso lo hace ella también, me irrita, aunque es la única en quien puedo contar por compañía.
Gracias Amiga Sombra. Estoy Leyendo: Amiga EternaTwittea este Cuento
Lo contó Azrael a las 6:22 PM
Cuenta de Cuento un Poema, De Azrael
un cuento corto de miedo
-Te digo que en mi cocina salen fantasmas de noche
-No digas eso
-Se asoman en las ventanas en las que faltan cristales detrás de mi refrigerador, y sus sombras se extienden desde el marco de la puerta de la sala hasta el ventanal que da al jardín.
-Tu eres científico no digas esas cosas.
-Pero que quieres que haga si me persigue el coco.
-Tonto!
Sebastian se despidió, le dio un beso en la mejilla a su amiga Susana con quien cenaba todos los jueves desde que se conocieron en la universidad cuando ambos empezaron a estudiar carreras que no terminaron por diferencias irreconciliables con el modelo educativo moderno como les gustaba decir.
Susana pensó en tomar un taxi, “tonto Sebastian!”, la dejo muy asustada con sus historias de fantasmas y cadenas, ella tenia la tendencia a creer todo lo que el decía, incluso si le hablaba de duendes y unicornios. Estaba temerosa, suficiente ración de miedo como para tomar el subterráneo a las diez de la noche.
Aunque vivía cerca y casi siempre iba caminando a casa desde la mayoría de los restaurantes que visitaban, usualmente los mismos que cambiaban de dueño cada 6 meses. Ese jueves, Susana no iba a casa. No le contó a Sebastian porque estaba segura que insistiría en ir con ella, y eso no era algo que le motivara a tocar la puerta que pensaba visitar.
Logro parar un taxi, algo extraño le faltaba la letra “x” a todos los rotulados. Simplemente le pareció curioso y se monto.
15 minutos después Susana había llegado a su destino, se bajo del taxi sin pagar, su mente lo había olvidado por completo. Avanzo hacia la casa de cerca verde, abrió la rejilla y mientras caminaba por las baldosas de cerámica estilo barroco, rotas y desgastadas, “no he pagado, espere...”, para su sorpresa el auto taxista sin letras “X” ya no estaba, en ese momento recordó que nunca le menciono su destino, estaba muy distraída pensando en las equis faltantes y en las posibles recriminaciones que Sebastian le daría cuando le contase a donde había ido. Sintió un terrible escalofrío, que intento convertirse en calambre justo en la base del cráneo, se sacudió y los ojos le giraron a ambos lados de la cabeza tal cual muñeca de plástico. No entendía como la había llevado hasta ahí pero no le importaba ya.
Camino hasta la puerta principal pero no toco, miro el jardín a la izquierda y se asomo por el ventanal, la luz de las seis lamparas de la sala arrastro su sombra hasta el marco de la puerta, no pudo ver mas que eso. Bordeo la casa y dando traspiés salto la cerca del patio llevándose por delante un par de materos con plantas medio muertas que olían a cilantro podrido, consiguió un par de cajones de madera vieja y blanda por la humedad, los apilo uno encima de otro se subió con piernas cortas y temblorosas. Asomo la cabeza por la ventana, limpio un poco con la manga del sweter los cristales que aun quedaban, solo vio la parte trasera del refrigerador. El polvo la hizo estornudar, volvió a mirar por la ventana hacia la cocina, el miedo se transformo en un frío templado que descendió por su garganta con sabor a miel pura, sus muslos perdieron tono y cayo con las cajas al piso, era el tinte violeta brillante de la sonrisa de Sebastian sentado en la mesa del comedor .
Lo contó Gabbby a las 12:29 AM
Cuenta de de miedo se queda corto
Joe Venezuela
No teniendo mas que decir se rebano la lengua desde su base y la arrojo al pueblo, para que así todos recordaran que ya no había necesidad de callarle.
Fue de esa manera que "José venezolano" le explico a sus hermanos, los paridos por la misma tierra que aun sin decir palabra alguna se puede ser escuchado cuando todos somos libres de contar la historia.
cacto
Fui a ver a mis cactus, están lejos de mi; de hecho hace tiempo que no los iba a ver, estaban mas grandes, eran 3, pero ninguno murió. Creo que uno se cayo y se secó. No he querido llevarlos a casa, quizás para que sigan en el sitio a el cual llegaron primero. Estaban mas grandes, uno mas grande que otro, y me dio gusto; les tome unas fotografías pensando que, tal vez nunca mas los vería, aunque sé que volveré, es esa extraña sensación de certeza; no importa lo que se haga, llegaremos. Es que, son mis cactus, y me gusta decirles cactos.
Los mire harto, ellos sabían -creo- que tenia mucho que contarles, pero, no les hablaría.
Recuerdo que de niño haba desarrollado una cualidad que me permitía hablar con los vegetales: solo pensaba y escuchaba, que escuchaban lo que pensaba. Y eso me trajo problemas, ya que cuando me daban para comer lechugas, yo les prometía que no me las iba a comer, pero me obligaban a hacerlo aun cuando yo me resistía. Mi madre pensaba que era una mala costumbre. Yo le respondía diciéndole que era amor.
No sabia si podría usarla hoy. Hace mucho que no lo hacia y no por vivir en el desierto, sino porque tenia miedo de que al empezar a hablarle, a una que otra planta, me podría acostumbrar... ¿qué pasaría si conversaba con alguna y luego no lo recordase?, me daría mucha pena. Y la pena es algo... algo que no me gusta.
¿Te dan pena las plantas?, a mi me gustan... sobretodo los cactos.
Estaban en el suelo y creí que si me quedaba, me iban a saludar, sin abrazo, claro. Me gusta mas el pequeño... aunque en el fondo los quiero a los dos. Son tan bonitos.
No me hice vegetariano por lo mismo, como no soy tímido, siempre que aparecía una ensalada me ponía a hablar, me contaban que sabían que tenían que ser comidas, pero que les molestaban esas gentes que les lanzaba jugo de limón. Les ardía el cuerpecito, me decían, y yo las dejaba.
Al verlas en boca de mis padres mientras las mordían, juro podía sentir el sonido crujiente, "están llorando", me explicaron después. Por eso envidiaban a los cactos, nadie se metía con ellos, necesitaban pocos cuidados, "siempre lo de adentro es distinto a lo de afuera..."
Y ahí estaban, quise hacerme pequeñito y meterme al macetero para estar para siempre a su lado, y así podría jugar a escalar sus espinas y tratar de llegar hasta la cima. Me decían “no hay problema!”, pero no sabia como reducirme a tan mínima expresión.
Y no me atreví a preguntarles hoy. Les tome una foto y seguí de largo.
Sabia que sería difícil despedirme.
Autor: Alfredo Armella Morgado
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Lo contó Gabbby a las 3:00 PM
Cuenta de Extrañamente Gracioso, fantasia
el nunca supo
El, se despierta y la observa dormir a media noche. No sabe que ella no está soñando con el, por lo menos no de la manera que espera. Esta soñando que lo engaña con otro amor que existió en su vida, un amor que quedó inconcluso por malentendidos, un amor donde ninguno de los dos quiso intentarlo de nuevo una vez mas.
Ella siempre creyó que era ridículo salir a buscar al muchacho del pasado para aclarar las cosas. Ya ambos estaban felices con alguien mas, y no valdría la pena aclarar las cosas… de nuevo. Por eso cuando su ahora esposo le pidió matrimonio ella aceptó. El viejo amor pertenecía a otra época, su viento ya soplaba para otro lado y ninguna fuerza de la naturaleza haría que se volvieran a encontrar de manera casual. Hoy solo existía aquel hombre mayor que ella, protector, consentidor y experimentado. No podía evitar comparar, no podía evitar recordar, aunque realmente no sabía por que.
La boda llegó, se casaron y ella realmente era feliz. Nunca imaginó que el decir “acepto” fuera tan difícil, dejaría tantas cosas atrás que nunca mas podría volver a hacer. Pero creyó que seria sencillo.
Y a la mañana siguiente, después de tanto tiempo, tomo en serio su decisión. Soñó, como un par de veces antes en el medio año que llevaban de casados, que lo engañaba con su ex. Soñó que se olvidaba por un momento de debilidad de los anillos que llevaba en la mano. Y le dolió, le dolió ser tan cobarde, le dolió no saber a quien estaba engañando realmente y que la única que supiera del engaño fuera ella. Le dolió ver después de un apasionado reencuentro, a la familia de su ex recibiéndola sonrientemente como hace años lo hacían, una familia mucho mas normal, mucho mas simpática, mucho mas amable que la que tenía ahora, aun cuando la actual era una buena familia. Los nuevos tiempos eran perfectos, pero no eran con aquel.
Y Ahí estaba su marido viéndola derramar una lágrima y pronunciar “te amo” entre sueños, iluso le respondió, le limpio las perlas de sus mejillas y le besó la frente. Se dio la vuelta y regresó a dormir.
El sol salía en otro día mas, amanecieron abrazados y al abrir los ojos su amoroso marido la observaba embelesado. “Te amo” dijo el. Ella cerró los ojos y le besó los labios, se odiaba con toda la furia de sus entrañas. “También yo” le respondió.
Autor: Elvira
Foto: .tara.
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Lo contó Gabbby a las 7:30 PM
Cuenta de Amor, Desamor, Desilusión
ciento cincuenta latidos
No tenia, no tenia, no tenia porque saberlo. Debió ser un secreto que sus hermosos ojos nunca vieran, debió ser para siempre mi secreto únicamente mio, solo debía hacerme felizmente infeliz a mi, a mi en la soledad de su compañía. Porque el día que lo supo, ese maldito día, oh que día tan maldito, ya no fue mas quien era, ya no fue mía ni de nadie, fue del olvido.
Un año es solo una sombra de tiempo, y desde aquel 30 de febrero, no existimos.
Queda el recuerdo de ciento cincuenta latidos por minuto, por palabra, por cada caricia perdida.
Hoy domingo, me siento a contemplar la cicatriz que dejo lo que fue mi locura, mi locura, la locura que me desgarro cada fibra miocárdica de puro, absoluto y ultrafiltrado amor por ti.
Foto: Jaime Ibarra
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Metamorfisis
… en su tristeza, al comprender que a pesar de la mucho que la quería nunca podría amarla como te amo. Sólo apoya sus manos de mi espalda, no podía verla, su rostro antes alegre, ahora reflejaba duelo y agonía. Se apoya de mí, resignada a la idea que ella conocía, sus manos primero, luego su frente, siento correr sus lágrimas sobre mi piel y escucho cómo un último cántico escapa de sus labios. Inentendible para mí, es apenas un susurro melancólico que pesa en su alma y ahora pesa en mi recuerdo.
Sus manos, pesadas como el dolor de su espíritu, hacen ceder mis piernas ante la fuerza de su cuerpo sobre el mío cuando siento arder sus palmas en mi espalda como el acero al marcar una bestia. Estoy preso de su hechizo y un alarido sale de mi boca mientras se alza su voz sobre las colinas.
Va hundiendo sus dedos en mi carne y mi dolor se hace más profundo, siento que toma mis pulmones entre sus palmas, se hace una conmigo. Siento sus rodillas abrirse paso tras las mías y caigo tendido sobre mis manos cuando cada una de sus extremidades va encontrando su espacio entre mis huesos. Pronto sus pechos se vierten en mi espalda ardientes como el amor de Cielo y Tierra y doloroso y sangriento como el relámpago que los une y quiebra el aire que los alimenta.
Sus alas de hada, antes traslúcidas y de color, veo en la luna, se tornan negras y una piel y luego plumas como de cuervo van creciendo en su seno a medida que su cuerpo se fusiona con el mío en la agónica metamorfosis de quien entrega su vida por aquel quien ama, por mí, no para salvar mi vida sino para darme aquello que perdí al verte caer: alas.
Su sangre y la mía yacen sobre el suelo a cántaros llenos y el dolor de la fusión está latente en todo mi cuerpo, pero el suyo…
… no está… su cuerpo no está… Su alma está en la mía y su cuerpo descansa en su tumba: mi espalda.
De ella queda sólo mi recuerdo y la marca en mi cuerpo del último hechizo que cantaron sus labios: el tatuaje de una niña que de rodillas abraza mi corazón y el dolor en mi alma de algo que no debió suceder, de una historia que terminó abrupta y con la sangre de la inocencia de un amor no correspondido y de un sacrificio no merecido.
Como un reflejo propio, sus alas en mi espalda, se extienden y el dolor que su corazón debió sentir se materializa en ese primer batir oscuro de plumas negras y ensangrentadas que me liberan del suelo y me entregan al infinito horizonte de las estrellas.
En estas alas, que ahora me elevan, existe ella y su alma es libre de amarme como yo te amo. Es la sabiduría del corazón sobre la emoción de la razón, es la marea que sostiene el océano y la lluvia que de vida con su humedad.
Y con cada batir de alas creo escuchar su voz suave y que con amarga alegría parece susurrar Soizke Yahsé: Te Amo, a lo que con tristeza yo suelo contestar, Yhasé Vhoiske: Te Quiero.
Estoy Leyendo: MetamorfisisTwittea este Cuento
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